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martes, 20 de noviembre de 2007

Cronemberg, el de antes

EVIDENTEMENTE, estoy completamente de acuerdo con las apreciaciones vertidas en este (otro) lúcido artículo de...

RAMÓN De España - EL PERIÓDICO DE CATALUNYA

A todo el mundo le encantan las últimas películas de David Cronenberg y no seré yo quien hable mal de ellas. También a mí me gustaron 'Una historia de violencia' y 'Promesas del Este', pero no pude evitar quedarme con la impresión de que las podría haber dirigido cualquiera con un mínimo de talento y de buen gusto. Para entendernos, no vi por ninguna parte la firma del maestro, el toque especial, entre visionario y majareta, que distingue a sus viejas películas y las hace únicas. Es como si el hombre se hubiera dado cuenta de que por el camino que llevaba iba a acabar, más pronto que tarde, en el paro o convertido en uno de esos genios incomprendidos que solo consiguen rodar de vez en cuando y a los que los distribuidores maltratan con saña.
Viene a cuento este exordio de la reciente aparición en DVD de una de las piezas más raras de Cronenberg, 'El almuerzo desnudo', adaptación de la (en apariencia) inadaptable novela homónima de William Burroughs y una de esas experiencias cinematográficas --en la línea de la impresionante 'Inland empire', de David Lynch-- que dejan al espectador turulato y fascinado ante algo que no acaba de entender pero que, de alguna extraña manera, le toca muy hondo. 'El almuerzo desnudo' incomoda y seduce a partes iguales, al igual que 'Videodrome', 'Inseparables', 'eXistenZ' o 'Crash', otras obras del Cronenberg más radical. Y aunque no se acaba de entender, lo cierto es que ni falta que hace, pues la fuerza de las ideas y las imágenes convierte el producto en un artefacto audiovisual de gran potencia sensorial.
Es posible que por ese camino Cronenberg fuera directo al desastre económico. Observemos una vez más a David Lynch: su 'Inland empire' acabó estrenándose en Estados Unidos en solo dos salas (una en Nueva York y otra en Los Ángeles). A este paso, sus películas, si consigue rodarlas, se acabarán proyectando en los museos de arte contemporáneo. Por eso entiendo que el audaz visionario canadiense opte por escoger buenos guiones, comprensibles por todo el mundo, y los filme con su eficacia y elegancia habituales. Pero no puedo evitar echar de menos al Cronenberg de antes, al que un nuevo visionado de 'El almuerzo desnudo' me ha hecho recordar con nostalgia.

Y eso que hace un par de semanas elogió el premiado libro de Boadella, con quien sólo tengo un punto de vista en común: su visión de que los políticos psocialistas catalanes son unos pusilánimes (entre otras muchas cosas que no son precisamente dignas de elogio...)

PERO claro, ya se sabe: nadie es ferpecto, digo, perfecto. Ramón de España tampoco, aunque se aproxima bastante a los límites que acarician ese 'status' de perfección intelectual. Aquí lo borda.

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