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martes, 27 de noviembre de 2007

La cerradura

By Francesc Marc Álvaro:

Para unos, Artur Mas se quedó corto. Para otros, se pasó tres pueblos. Los republicanos le tildan de poco decidido y los socialistas (y los populares) de radical. Pero unos y otros saben que exageran, porque Mas consigue mantenerse en la centralidad a la vez que se desmarca de ciertos presupuestos fijados en su día por Jordi Pujol. Las críticas cruzadas de ERC y PSC son la mejor prueba de que el líder de CiU acertó con el mensaje y el tono de la conferencia que pronunció el pasado martes. De los socialistas con cargo, sólo Antoni Castells se expresó con la cautela suficiente de quien piensa en largo. En cambio, en la calle Nicaragua, ha crecido el nerviosismo por la inesperada capacidad de Mas de marcar la agenda y decir algo que suena a nuevo, no sólo en el ámbito del catalanismo, pues también tuvieron valor sus palabras sobre la necesidad de listas abiertas y menos endogamia en los partidos. En lugar de ignorarlo, las trincheras socialistas han caído en el error de amplificar el discurso del líder de la oposición.

¿Por qué se ponen tan nerviosos los socialistas con la conferencia de Mas? ¿Por qué tanta histeria cuando controlan todas las administraciones y cuentan con tantos fabricantes de anestesia desde los medios? Porque, contra las apariencias y las simplificaciones, la gran frontera electoral de CiU no es con ERC sino con el PSC, y ello resulta más abierto ahora que durante la época en que Pasqual Maragall estaba al frente de los socialistas. La clave está en la ambigüedad. La conferencia de Mas es calculadamente ambigua por dos razones: para poder amarrar bien el voto moderado que tenía Pujol y para atraer hacia CiU a una parte significativa de los que, tras votar a Maragall, hoy se sienten lejos de Montilla. No hablo de las obedientes bases socialistas, que votan a quien toque, sino de esos otros electores de fidelidad cambiante e intermitente que, ahora, viven indecisos entre la abstención, el voto contra el PP y el voto del cabreo catalán, susceptible este de ser para CiU, ERC o ICV. Por cierto, muchos de estos votantes otrora maragallistas acudirán a la manifestación del próximo sábado contra el caos ferroviario, lo cual les aleja un poco más de este PSC ultraconservador que, anteponiendo los intereses de Zapatero a los de los catalanes, no se suma a una protesta que - me atrevo a pronosticar- será muy importante.

Las ideas lanzadas por Mas son una cerradura plausible (aunque mejorable) para abrir camino, consolidarse en el mando y salir de la oposición. Se trata de una cerradura delicada que no requiere movimientos bruscos, más bien firmeza y suavidad. El líder de CiU describe bien su campo de juego: "La imprudencia lleva al precipicio, y la comodidad al conformismo y al estancamiento; y yo no quiero, para mi país, ni una cosa ni otra". Entre el precipicio y el conformismo está, justamente, el grueso de la gente. La labor de Mas es dar con la llave que abre su cerradura: una nueva, amplia y oxigenada mayoría social.


EXACTO.

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