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miércoles, 31 de octubre de 2007

No es sólo racismo

LA VANGUARDIA - Miércoles, 31 de octubre de 2007
Francesc-Marc Álvaro

Todo el mundo puede ser víctima, aunque es obvio que algunos colectivos corren mayores riesgos La salvaje agresión de una chica ecuatoriana en un vagón de los Ferrocarrils de la Generalitat parece que ha descubierto todo un inframundo a mucha gente, incluyendo a periodistas, fiscales, jueces, sabios y políticos de alto rango. ¿Cómo puede haber tantas personas que ignoran lo que, desgraciadamente, es demasiado habitual? ¿En qué mundo viven los que ahora tanto se sorprenden? Ataques similares y mucho peores se producen en ferrocarriles, estaciones, aparcamientos, plazas, centros comerciales, zonas de ocio nocturno, alrededores de algunos colegios y determinados barrios. Médicos, maestros, comerciantes y padres de adolescentes, además de policías, les podrían contar varias historias para no dormir. Ahora, gracias a las cámaras de seguridad, hemos aislado una realidad que, además de generar alarma, pone en jaque a nuestros poderes públicos. La excelente crónica de Maite Gutiérrez, publicada anteayer en La Vanguardia, retrataba a la perfección el ambiente donde, a menudo, surgen este tipo de situaciones, tan violentas como absurdas.

Se comprende que, a raíz del impacto de las imágenes grabadas, todos opinemos rápidamente y nos dejemos llevar por el esquematismo. Pero no podemos quedarnos en la superficie de los hechos. Anoto dos reflexiones.

Primera. Se ha colocado este caso dentro de la categoría de agresión racista, algo que está fuera de duda a tenor de las frases del agresor. La aplicación de la circunstancia agravante de xenofobia podría ser importante para que la condena aplicada sea más severa. Pero caeríamos en un enorme error si pensáramos que actos de esta brutalidad sólo tienen como víctimas a inmigrantes. En otras ocasiones, las víctimas son ancianos, indigentes (recuerden el caso de la mujer quemada dentro de un cajero en el centro de Barcelona), homosexuales, ciudadanos que exhiben determinada estética o muestran ciertos símbolos (deportivos o políticos), o alguien que simplemente pasaba por allí. Todo el mundo puede ser víctima, aunque es obvio que algunos colectivos corren mayores riesgos, algo que las autoridades deben asumir a la hora de llevar a cabo acciones preventivas.

Segunda. No podemos dirigirnos a fiscales y jueces para que, de la noche a la mañana, se inventen una justicia a la medida de nuestra indignada y comprensible alarma social. A quienes debemos interpelar es a nuestros políticos, pues son ellos quienes elaboran las leyes en el Parlamento, lo cual incluye el Código Penal. Si el legislador ha aprobado una ley de violencia de género que crea una jurisdicción especial para determinados delitos, a nadie debería extrañar que surja la demanda de algo equivalente para otras violencias, cuando éstas tienen ribetes racistas, ideológicos, homófobos, etcétera. El debate está servido, pues cuesta mucho de entender que la patada de un desconocido en la cara de una mujer, en un tren, no se juzgue de igual modo que la patada de un marido o un novio contra su pareja.
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